
El ecommerce necesita imágenes en una escala que hace cinco años era impensable. Cada producto requiere múltiples vistas, adaptaciones por temporada, versiones para distintos formatos publicitarios y contenidos específicos para marketplaces y redes sociales. Si la operación es regional o global, la cantidad de imágenes crece exponencialmente.
Adobe Research estima que 7 de cada 10 marketers prevé que la demanda de contenido aumentará hasta más de cinco veces para el 2027.
En este contexto, la inteligencia artificial generativa es una herramienta de producción de contenido casi mágica. Permite crear modelos, fondos y variaciones visuales sin depender siempre de sesiones fotográficas tradicionales. Reduce tiempos y facilita la adaptación por segmento. Esta tecnología resuelve una necesidad concreta del mercado, pero también presenta un reto: ¿cómo impacta en la percepción del consumidor?
¿Qué opinan los consumidores sobre las imágenes generadas con IA?
Datos recientes de IAB muestran un cambio en la actitud hacia la IA en publicidad. El porcentaje de consumidores con una percepción negativa aumentó 12 puntos en 2025 frente a 2024. El 39% de la Generación Z reporta sentirse algo o muy negativa frente a anuncios creados con IA, mientras que el 20% de millennials expresa esa postura.
Para las marcas que venden online, este dato merece atención. La Generación Z participa activamente en conversaciones digitales y suele cuestionar lo que percibe como poco auténtico.

Imagen y credibilidad en ecommerce
En comercio electrónico, la imagen sustituye la experiencia física. El consumidor no puede tocar el producto. Evalúa textura, proporción y calidad a partir de lo que ve en pantalla.
Cuando descubre que una modelo no existe o que un entorno fue generado digitalmente, la reacción depende de la expectativa previa. Si la marca no comunica su uso de IA y el consumidor lo interpreta como engaño, se afecta la confianza.
También hay sensibilidad en el uso de IA para modificar rasgos físicos o tonos de piel con fines estéticos o de segmentación. Aunque parece algo sencillo, desde el punto de vista de comunicación corporativa requiere análisis para evitar conflictos.
Los retos que surgen
La adopción de IA en imágenes para ecommerce plantea desafíos que no son solo creativos.
Transparencia: Cada vez más consumidores quieren saber cuándo una imagen fue generada con IA. La ausencia de información puede generar sospecha.
Coherencia: El uso de modelos virtuales debe alinearse con el posicionamiento de la marca. Si la narrativa se basa en autenticidad, representación real o inclusión, la decisión visual debe sostener ese mensaje.
Entendimiento socia y cultural: Las decisiones internas pueden convertirse rápidamente en tema público. Anticipar posibles cuestionamientos reduce riesgos.
Buenas prácticas
Para seguir aprovechando la tecnología sin comprometer la reputación y confianza de una marca, el área de comunicación externa necesita:
Definir lineamientos internos: Es recomendable establecer criterios claros sobre cuándo se utilizará IA, con qué objetivos y bajo qué límites.
Evaluar impacto por audiencia: Antes de escalar su uso, conviene analizar la reacción de los segmentos clave.
Alinear con cultura corporativa: Las decisiones visuales deben reflejar prácticas reales dentro de la organización para evitar “washing”.
Preparar mensajes públicos: Si surge la pregunta sobre el uso de IA, la marca debe estar lista para responder con claridad.
Un cambio que exige criterio
La producción visual en ecommerce no va a desacelerarse. La IA ya es parte de la infraestructura creativa de muchas marcas porque permite responder a esa presión de escala.
La adopción tecnológica ya es una realidad, el tema es la forma en que se gestiona frente al consumidor. Los datos indican una sensibilidad creciente, sobre todo en audiencias jóvenes, hacia el uso de imágenes generadas con IA.
En comercio digital, la confianza impacta directamente en la decisión de compra. Cada imagen comunica más que un producto, transmite identidad: propósito, valores, visión, personalidad.
Por eso es necesario establecer criterios claros sobre cuándo usar IA, cómo comunicarlo y qué implicaciones tiene para la relación con el cliente. La tecnología seguirá evolucionando. La pregunta estratégica para las marcas es cómo integrarla sin comprometer la credibilidad y reputación que sostienen su negocio.





